La parte difícil del negocio nunca fue conseguir buenas botellas. Cualquiera con un correo y una tarjeta puede comprarle a una bodega. Lo difícil es responder por ellas después.
Un catálogo largo se arma rápido. Nadie en la empresa lo probó entero, nadie sabe quién hace el vino, y cuando un cliente pregunta por qué la cosecha de este año sabe distinta, la respuesta es un encogimiento de hombros. Nosotros trabajamos con pocas casas y volvemos a cada una en cada cosecha.
A cambio podemos hacer algo que un catálogo largo no puede: responder por la botella. Si sale con problema de corcho, la reponemos y no discutimos.